El cumplimiento de plazos es la capacidad de un equipo de desarrollo para entregar cada fase de un proyecto en la fecha acordada. Suena obvio, pero en desarrollo web es uno de los puntos donde más fricción existe entre cliente y proveedor: los retrasos casi nunca se anuncian con anticipación, sino que se descubren cuando ya es tarde.
Un cronograma confiable depende de tres cosas: un alcance bien definido desde el inicio (el mayor enemigo de los plazos son los cambios de alcance a mitad de camino), hitos intermedios verificables en vez de una sola entrega final “todo o nada”, y comunicación proactiva cuando algo se desvía — en vez de silencio hasta el último momento.
Como cliente, la señal de un proceso serio no es la promesa de una fecha, sino la existencia de esos hitos intermedios: poder ver avances reales cada cierto tiempo, no solo un producto terminado (o no) al final. Eso es lo que permite corregir el rumbo a tiempo si algo no va como se esperaba, en vez de enterarte del retraso el día de la entrega.